Granada es una ciudad de misterios, de capas de historia que se superponen entre lo nazarí y lo cristiano. Pero si hay un nombre que define la estética de la Granada Cristiana y su transición hacia el esplendor barroco, ese es Alonso Cano. A menudo llamado el "Da Vinci español", Cano no fue solo un artista; fue un fenómeno multidisciplinar que pintaba, esculpía y diseñaba edificios con la misma maestría con la que desafiaba a las autoridades de su época.
Al igual que el genio de Vinci, Alonso Cano no entendía de límites entre disciplinas. Su formación en Sevilla junto a grandes maestros como Velázquez le otorgó una técnica pictórica refinada, pero su alma y su legado más profundo son puramente granadinos. En la Catedral de Granada, su influencia es palpable en cada rincón. No se limitó a decorar; él repensó el espacio sagrado.
Su obra cumbre, la fachada principal de la Catedral, es una de las piezas más originales y potentes del barroco español. Si te detienes frente a ella en la Plaza de las Pasiegas, verás cómo Cano rompió con la rigidez de los órdenes clásicos de la época para crear un arco triunfal tripartito que invita al fiel y al visitante a entrar en una nueva dimensión de luz y espiritualidad.
Si visitas el interior del templo, hay una parada obligatoria en la Sacristía: la Inmaculada del Facistol. Esta pequeña escultura en madera policromada es considerada una de las cumbres de la estatuaria española. Su delicadeza, el movimiento casi etéreo de sus ropajes y la serenidad de su rostro resumen perfectamente el estilo de Cano: una búsqueda incansable de la belleza ideal, casi mística.
Es curioso pensar cómo una obra de dimensiones tan reducidas puede transmitir tal monumentalidad. Esta pieza influyó en toda la escuela granadina de escultura, dejando una huella que perduraría durante siglos en artistas como Pedro de Mena o José de Mora.
La historia de Alonso Cano es también la de un hombre turbulento y apasionado. Su vida parece sacada de una novela de intriga: fue sospechoso de asesinato, sufrió tortura (aunque salió libre por su condición de artista y la falta de pruebas) y mantuvo constantes roces con el cabildo de la Catedral por su fuerte temperamento. Su carácter le valió tantos enemigos como admiradores, pero su talento era tan "divino" que incluso el Rey Felipe IV intercedió por él en varias ocasiones para proteger su genio.
Para entender realmente a este genio, no basta con leer sobre él; hay que experimentar sus obras en el contexto para el que fueron creadas. Aquí te proponemos una ruta por su legado:
Si quieres conocer a fondo el legado de Alonso Cano y otros grandes maestros del arte sacro, la mejor opción es adquirir nuestro Ticket Combinado. Este pase te permite acceder no solo a la Catedral, sino también a la Capilla Real (donde podrás comparar el estilo de Cano con el gótico de los Reyes Católicos) y al Monasterio de la Cartuja, otra joya del barroco que complementa perfectamente esta visión artística.
Visitar Granada hoy es, en gran parte, visitar la Granada que Cano imaginó. Su capacidad para unir la pintura con la estructura arquitectónica creó una atmósfera única que diferencia a nuestra Catedral de cualquier otra en Europa. Su legado no es solo estético, es una experiencia sensorial de volumen y color.
Te invitamos a descubrir más sobre la historia de nuestros monumentos en nuestra sección de noticias y eventos, donde profundizamos en los secretos que hacen de Granada un destino cultural inagotable.